Un centenar de huevos

Me he adelantado ¡Lo sé!

Pero con respecto a las festividades religiosas o paganas, siempre me armo un lío.

El escaparate de pascua tampoco es este año un escaparate al uso, con huevos de chocolate envueltos en papel de plata de colorines. Esta vez me ha salido muy orgánico; he mezclado madera con alambre y cuerda, pero sin que falten los huevos, por supuesto, exactamente”cien”.

Cuando termino de montar un escaparate, me parece que se me han acabado las ideas para los siguientes. Hace años entraba en pánico, pero a día de hoy,  ya no “paliqueo”. Cuando va llegando el momento, la imaginación, pillándome por sorpresa, empieza a colocar objetos en mi cabeza,  me pongo manos a la obra sin parar un solo instante hasta que el escaparate queda montado y yo agotada. Dicen que el “proceso de creación” es así, y yo cada vez tengo más claro que, en efecto, así es.

A este último escaparate pienso seguir añadiéndole elementos hasta el día de Pascua. Ya se me están ocurriendo algunos. Creo que acabará siendo un escaparate lleno de alegría, vida y color.

No sé de donde viene la tradición de esconder huevos en el jardín o en el campo para que los niños los busquen. Me encanta ver a los “locos bajitos” correr de aquí para allá buscándolos, y su emoción y felicidad cuando consiguen encontrar uno. Revivo, con este juego la emoción y la alegría de la infancia, que tanto nos hace falta recuperar a los adultos.

Es el tercer escaparate de Pascua que monto con huevos como protagonistas, y me doy cuenta que están entre mis preferidos y también los que más éxito tienen entre los viandantes.

Espero que de aquí al día de pascua, disfrutéis siendo testigos de cómo va evolucionando y transformándose mi nuevo escaparate.

También las fotos de este post irán aumentando para que puedas seguir de cerca su evolución.

Mas en instagram.