Una semana en el Ampurdan

Ayer llegué a Madrid, después de una preciosa semana en El Ampurdan. Como ya sabía, Humo no me esperaba en casa y la tristeza volvió a apoderarse de mí. Me he levantado como todos los días, desde que mi perrito se fue, soñando con la muerte; se me muere alguien en cada sueño y los que ya lo han hecho también salen en ellos. Hoy tengo que tirar de mi cuerpo yo sola con la ayuda de mis otros dos perros que también le echan de menos.

Esta semana en El Ampurdan ha sido más fácil, mis amigos estaban conmigo y me despertaban con un zumo energético y ecológico de su huerto. Ese mimo, para empezar el día, después de mis “no dulces sueños” marcaba la diferncia.

La amistad es mí tesoro más preciado. No hablábamos de Humo y no hacía falta, ellos sabían que mi alma necesitaba de cuidados, y me los dieron.

Estar en la naturaleza me ha llenado de vida, todo resultaba más fácil. He trabajado, hecho fotos, arreglado asuntos de la venta de mi casa, alimentado a las agradecidas gallinas, paseado con sus cuatro perros por el bosque, he estado rodeada de belleza y armonía. Y todo salía solo porque mis amigos estaban conmigo, y no estaba triste, porque no hubiera sido justo transmitirles ese sentimiento, cuando recibía tanto amor, y “amor con amor se paga”, la alegría me salía sola.

Compartir para mí es muy importante, y me he dado cuenta, de nuevo, que no soy tan independiente como a veces creo. Hay que estar muy bien para disfrutar de la soledad. En los momentos difíciles estar sola no es, casi nunca, la mejor solución, al menos para mí.

Gracias por una semana tan bonita, mis generosos amigos.

OS QUIERO!!!

Elena

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