Un cuento Romano

 

 

Así titularon este curso @signebay y @siforellana, dos danesas maravillosas en todos los aspectos: guapas, activas, simpáticas, organizadas, generosas, y con mucho talento.

Esta vez éramos solo mujeres. No solo he aprendido muchísimo estos días, también he hecho algunas amistades, de las que durarán en el tiempo a pesar de la distancia. Todas veníamos de diferentes países del mundo, pero nuestras aficiones  eran muy parecidas, con lo que, en cuatro días, pudimos compartir vivencias, inquietudes, arte, risas, y confidencias, en algunos casos, muy íntimas.

Convivimos intensamente en un antiguo piso romano, en Trastevere.

Fotografiábamos las comidas que hicimos en casa y en restaurantes especiales,  y la de un día que comimos en una finca con huertos, propiedad de un entrañable anciano de 87 años, de su hijo y de su nieta. Les ayudamos a recoger las verduras de la huerta, y con ellas hicieron una pasta fresca, de chuparse los dedos. Nosotras fotografiábamos todo el proceso, y al final comimos en una larga mesa de madera adornada con limones, romero, y servilletas de lino. También sirvieron unos pescados riquísimos, asados en un horno de leña.

Nos acompañó un tiempo primaveral, inmejorable, con sol, temperaturas suaves y sin rastro de lluvias.

Como broche final, celebramos mi cumpleaños en casa con una riquísima cena y una tarta que hizo una compañera que tiene una tienda de dulces sin gluten en Londres.

Al acabar el curso, me trasladé a un b&b cercano, de lo más acogedor, donde pasé tres noches, yo sola. El primer día estaba tan cansada, que dormí una siesta de tres horas, y por la noche catorce horas seguidas.

Visité el Vaticano y volví a maravillarme con la capilla Sixtina.  Y , cómo no, seguí comiendo, de película.

Ha sido un viaje muy bien aprovechado y muy especial!!!!

Gracias a todas mis talentosas amigas

 

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